jueves, 26 de julio de 2007

Les cuento un cuento?

Escrito hace algunos años.....(algunos ya lo conocen quizas)
Insomnio


Me atormenta tu amor que no me sirve de puente
porque un puente no se sostiene de un solo lado”
Julio Cortázar, Rayuela


Se dio cuenta de que no había podido dormir en toda la noche recién cuando comenzaron a entrar por las hendijas de la persiana mal cerrada las primeras luces del día. Igualmente no podía afirmar con rigor científico que había pasado toda la noche despierta. Le costaba distinguir la realidad de los sueños y más aún esos momentos donde uno no está del todo dormido ni del todo despierto. Dio algunas vueltas más en la cama hasta que se convenció de que no iba a poder volver a dormir. Había demasiado silencio y odiaba el silencio porque la hacía pensar. Intentaba siempre estar ocupada en algo para evitarlo pero a esas horas de la mañana de un domingo de invierno no había mucho por hacer para distraerse. Atravesó su diminuto departamento y llegó hasta la cocina. Allí se encontró con el desorden de una larga semana: cacerolas, platos, tazas, vasos sucios y apilados. No tuvo otra opción que posponer su desayuno para más tarde, antes debía poner un poco de orden. Mientras tanto pensaba que le gustaría ser como vos y poder inventarse mil vidas. Poder decirle a la gente que se llama de otra manera y tener una vida distinta cada día. Muchos pueden pensar que eso sería mentir. Ella sabe que no, que la única manera de que vos te percataras de su existencia era esa: planear una vida y esperar encontrarte en alguno de sus caminos porque en esta que a ella le había tocado vivir era imposible. Mentir es otra cosa, es lo que ella hace todos los días. Es raro, porque desde chica le costaba decir mentiras. Nunca pudo. Su cara la delataba y a medida que fue creciendo empeoró: ahora no solo la delataba la cara sino que además la voz y las manos le empezaban a temblar. Que carga la de llevar incorporado el detector de mentiras adonde fuera!
Había decidido esa misma noche que ya no te vería más, pero sabia que se trataba de esa clase de promesas de las que uno esta convencidísimo por la mañana (sobre todo después de una noche de insomnio) pero que con el pasar de las horas perdían esa importancia de vida o muerte y se podían quebrar sin cargo de conciencia.
Terminó de ordenar todo, se dio una ducha y salió, decidida a no buscarte y a no encontrarte por las calles. Tuvo suerte, no había tantos valientes en la ciudad que se animaran a salir cuando el termómetro marcaba temperaturas bajo cero. Caminó unas cuadras sin rumbo fijo, pero evitando tomar la avenida que la llevara a tu casa. Todos los negocios estaban cerrados, de vez en cuando se cruzaba con algún peatón que paseaba a su perro de mala gana o con alguna “señora-bien” que salía de escuchar misa como si de esa manera le perdonaran el hecho de estar peleada con su hermano o la cantidad de críticas, y no hablo de las constructivas sino de las dañinas e infundadas, que había realizado esa semana
Seguía caminando con la mente en blanco y de pronto ahí te vio, en ese bar, tomando un café como si nada, como si no fueras la causa de su insomnio, sonriendo con cara de haber dormido toda la noche. ¿Qué hacías ahí? No era la clase de bar al que ibas y menos tan lejos de la zona que frecuentas.”Es una prueba del destino” pensó y se rió, ella no creía en esas cosas. Tenía dos opciones: saludarte o seguir de largo. Total vos estabas leyendo un libro, ni te darías cuenta y aparte hacía muy pocas horas que había realizado esa promesa y todavía le daba pudor romperla, pero qué culpa tenía ella si había hecho todo lo posible por no ubicarte: se fue de su casa para no estar pendiente del teléfono (no de que sonara porque no la ibas a llamar, nunca lo hacías, sino porque quería evitar todo impulso que la llevara a marcar tu número) y caminó por calles insólitas, de esas por las que los días de semana están llenas de abogados pero que los fines de semana están desiertas y ahí estabas vos en el único bar abierto. No, no podía frenar saludarte, cada paso que daba hacia la puerta la convencía aún más de eso pero no lo podía evitar, hacía días que venia planeando este encuentro y tu cuerpo era como un imán para el de ella. No se daba cuenta que así como la atraías, te dabas vuelta y la rechazabas.
Levantaste la vista. La habrás visto? Por tu expresión podría pensar que no, pero cuántas veces la habías engañado sin palabras, con un solo gesto o una sola mirada. Siguió caminando, esquivando torpemente las mesas vacías. Decidió sentarse en la última mesa. Los mozos la miraban con mala cara, podría ser más considerada. La única persona que no se había percatado de su presencia eras vos o por lo menos eso demostrabas: no despegaste la vista de tu libro en todo su trayecto, ni siquiera cuando tuvo que correr alguna silla que le interrumpía el paso. ¿Qué estarías leyendo? ¿Qué verdad absoluta te estaría revelando ese libro que te absorbía? Llevabas un buen tiempo allí, lo suficiente para tomarte un café con leche y fumar más de diez cigarrillos.
Al principio te miraba disimuladamente pero al comprobar que el exterior no alcanzaba a perturbarte comenzó a observarte detenidamente, tal vez como nunca lo había hecho porque ya no sentía la amenaza de tus ojos, demasiado ocupados en leer cada palabra que aparecía ante ellos. En cualquier otra ocasión no hubiera podido soportar mirarte fijamente pero ahora ya no estabas allí con ella. Generalmente tenia esa impresión cuando estaba con vos, siempre estabas lejos pero nunca tanto como en ese momento. Tenía la impresión de que te miraba a través de uno de esos vidrios que había visto en tantas películas que de tu lado era espejo y del de ella ventana. Sintió que su vida era así tal vez. Ella miraba pero nadie podía verla.De pronto, sin ningún gesto que lo anunciara, miraste el reloj y rápidamente pediste la cuenta. El mozo se acercó a tu mesa y le pagaste lo que correspondía. Te estabas yendo, esta podría ser su última oportunidad de decirte tantas cosas. Tomó coraje y se levantó decidida a hacerlo pero en su apuro no se dio cuenta que un mozo venia hacia ella con una bandeja cargada de cafés y medialunas. Chocaron y volaron casi instantáneamente, platos, tazas, medialunas, azucareras. Unos segundos después cuando pudo finalmente incorporarse, levantó la vista pero vos ya no estabas. ¿Cómo habías hecho para irte tan rápido, para que no te llamara atención semejante revuelo? Miró tu mesa y estaba vacía. ¿Dónde estaban el cenicero y la taza que estaban allí unos segundos atrás? ¿Habías estado realmente en ese bar? Necesitaba dormir, que la dejaras dormir, nada más que eso.

2 comentarios:

Carolin dijo...

jajajaj
stupida.

cuadno termine mi labor voy a leer el post.
y ahí vas a ver.......

Moi dijo...

que poco miedo que te tengo.....PLEASE